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Columna de opinión publicada en AS el 19 de febrero de 2020

Futfem, si no hay quien te aguante, ¿por qué te quiero tanto?

Llevo un tiempo dándole vueltas y hasta hoy no me he atrevido a decírtelo. Son muchos años juntos, desde muy pequeños y la relación no avanza. Poco a poco me enamoré de ti y nunca he dejado de quererte incluso cuando estaba lejos de casa hacía todo lo posible por tenerte conmigo. Recuerdo cuando te conocí. Vivías a las afueras del pueblo, en un sitio viejo, descuidado, de tierra, ni siquiera tenías un baño. Nadie quería estar contigo, no tenías amigos, no te valoraban. Estabas completamente solo. Y quizás que mi familia y la gente de mí alrededor me dijeran que me romperías una pierna, que las mujeres no se relacionaban con alguien como tú y que nunca podrías mantenerme, es lo que me acercó más ti.

No les hice caso y nuestro amor creció. A medida que pasaba más horas contigo, más me gustabas. Me daba igual que me dieras patadas, que me insultaras, que tuviera que coger un autobús, un tren y caminar media hora para estar contigo, estaba enganchada a ti. El tiempo pasó y tú no cambiabas. Todos ellos, tenían razón, me rompiste unos cuantos huesos, nunca me regalaste nada, en tu casa el agua de la ducha siempre estaba fría y nuestras familias seguían sin tomar en serio nuestra relación. Vivíamos inmersos en una agonía sentimental constante. Así que, aunque seguía enamorada de ti, decidí marcharme lejos para encontrar a alguien mejor que tú.

En USA me tropecé con alguien que me recordaba a ti pero mucho más maduro: me daba cariño, su casa siempre estaba arreglada y nuestras familias creían en esta nueva relación. Te echaba tanto de menos que lo tuve que dejar. Escapé a Uganda. Allí me presentaron a alguien que se parecía mucho a ti cuando nos conocimos por primera vez. La relación iba tan mal que al compararlo contigo te hacía mejor. Volví a ti. El tiempo había pasado y los dos habíamos rehecho nuestras vidas. Yo había tenido otras relaciones pero ninguna me había llenado tanto como la tuya. Te vi cambiado. Habías arreglado tu casa, tenías muchos amigos, incluso te habías hecho famoso, la prensa te adoraba. Aquellos que te habían criticado, ahora se acercaban a ti. Me ilusioné, pensaba que al menos, podíamos ser amigos pero los 13 goles del Mundial de Francia y ese mísero convenio colectivo, me devolvieron a la realidad. Sentí que a nuestra relación le faltaba algo, que no habías cambiado tanto como parecía, que no tenías amigos de verdad, tan solo te utilizaban. A pesar de eso, te seguía queriendo. Pero ver otra vez, el 10 a 1 de la Supercopa de España me volvió a desilusionar. Los pocos amigos que tienes aprovecharon para criticarte a tus espaldas. A mí me duele que hablen mal de ti. Me da la sensación de que no le importas a nadie. Y ya sé que no eres tú, somos nosotros.

Futfem, voy a seguir luchando por nuestro amor. Tengo que aprender a quererte como tú eres, sin comparaciones. No puedo vivir sin ti, no hay manera.

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