Mientras en Europa se habla de casos de corrupción y fichajes de futbolistas millonarios, en el otro lado del mundo se conforman con ser felices. Y no es poco, ya que por todos es conocida la imagen de este continente: pobreza, guerra, violencia, opresión, enfermedad y miseria.

Creo que nosotros, estamos desaprendiendo a vivir. Nuestra forma de vida está enfocada totalmente al dinero. Y este es tristemente nuestro modelo de ¨felicidad¨.

patricia campos aprendiendo a vivir ninos pequenos

Uganda, a pesar de todo lo que os he contado durante este tiempo, es un pueblo muy feliz. Es un país pequeño donde la gente se conforma con muy poco. No van todos los días al trabajo; levantan la mano y cogen fruta de un árbol o se van al lago Victoria y pescan algo para cenar.

Tienen esperanza e ilusión en un futuro mejor. Cada día se enfrentan a la pobreza y a la escasez,  a gobiernos autoritarios y corruptos, y a guerras civiles. A pesar de ser atacados diariamente por sus graves problemas, siempre sonríen. Y es esa su fuerza y la mía. Su sonrisa ha sido la clave de nuestra felicidad. Sin ella, no podríamos continuar hacia delante.

patricia campos aprendiendo a vivir sonrisas

También deberíamos aprender de su arte y su música. A pesar de que el gobierno piensa que esto es innecesario para el desarrollo del país, existen artistas como Saana Gateja. El artista más internacional de Uganda, cuyas obras se han expuesto en Estados Unidos, Corea y varias ciudades europeas. Su arte es funcional, asociado a la religión o de carácter social, fuertemente condicionado por las creencias. En Uganda es bastante complicado encontrar materiales profesionales. Esto se convierte en una ventaja para el artista, ya que tiene que experimentar con materiales nuevos.

Yo soy de la opinión que el arte irremediablemente conduce al cambio social.

En cuanto a la música, sus artistas son normalmente pioneros y activistas que aspiran a cambiar su entorno con la música. Luchan contra las tradiciones, la pobreza y aquellas formas de discriminación que los castigan. Como es el caso de Jemimah Kansiime y Abdu Mulaasi.

¿Qué decir de su ropa? Trasmite alegría y entusiasmo a quién lo lleva y a quién simplemente lo ve. Su amplia gama de colores y los originales motivos usados en las telas, son un elemento destacable en su vestimenta. Estos colores encierran un valor social que va más allá de usar colores llamativos o vestir a la moda.

Impulsar el desarrollo de la creatividad y ofrecer acceso a la cultura o al arte no está en la mente del gobierno ugandés, parece que esto es solo patrimonio de las sociedades más desarrolladas. Está de sobra demostrado que estos estímulos son imprescindible para romper el ciclo perverso de la pobreza y crear una sociedad avanzada.

La pregunta es: ¿cómo podemos aprender a vivir nosotros que lo “tenemos todo” de un pueblo como el africano, conocido por no tener  nada? Yo estoy aprendiendo tanto de ellos … Me estoy convirtiendo en una persona que se relaciona con los demás de una forma verdadera y sonriendo.

#ReglaDPCP

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