Después de todo lo que os he contado a lo largo de estas semanas quizás os preguntéis que clase de sueños y aspiraciones tienen los niños africanos. En definitiva, qué futuro les espera.

La mayoría de mis niños cuando yo llegué no sabían lo que querían ser de mayores, otros querían casarse y tener hijos. Ahora les gustaría ser pilotos de avión, futbolistas o profesores de español. Tienen ilusión y esperanza. Creen que pueden cambiar su futuro predestinado. Estoy satisfecha si de alguna manera les he transmitido un poco de fe, si les he abierto una puerta que antes no existía. Ellos, desde luego me la han dado a mi. Me han demostrado que la felicidad reside en uno mismo, no en los demás. También que todos los niños no tienen la suerte de tener una familia que les quiera. Ni tan siquiera lo más básico: comida, cobijo y ropa. Por si fuera poco, nadie se queja y sus rostros reflejan felicidad. No se si es por desconocimiento, resignación o porque no necesitan tanto para ser felices.

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Betty Nakagwa, una de mis vecinas, quien no sabe exactamente cuantos años tiene (yo creo que sobre unos 30 años), tiene un sueño: tener su propio negocio. Una peluquería. Dejó de estudiar a los 11 años porque tenia que ayudar a su familia. Conoce a una señora en su tribu que por 30.000 chelines ugandeses (9 Euros ) le puede enseñar. Ahora está ahorrando y cree que en el 2019 podrá empezar.

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Un amigo de Betsy, Braian, tiene 22 años y su sueño es ser rico.¨¿Por qué?¨ le pregunté. ¨Porque me gusta el dinero. Quiero tener mucho y estar rodeado de él¨. Es la primera vez que oigo a alguien decir eso. Normalmente, la gente quiere el dinero para comprar algo, no para amontonarlo. Creo entender sus razones. En un país, en el que apenas puedes sobrevivir, cada céntimo es muy pero que muy importante.

Para nosotros es diferente. Tenemos más de lo que necesitamos y por eso, la mayoría sabemos que el dinero no da la felicidad.

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Siendo honesta conmigo misma, no sé si sentirme mal por ofrecerles una “casi imposible” ilusión o contenta por hacerles creer que pueden conseguirlo. Un país donde no hay trabajo, donde las enfermedades matan cada año a miles de personas y la esperanza de vida es tan solo de 54 años, es muy difícil conseguir que los sueños se cumplan. Yo creo que todo es posible y no seré yo quien les quite esa ilusión.

Mi sueño sería que los africanos tuvieran agua potable. Muchos niños mueren antes de los cinco años por falta de agua; que el gobierno trazara un plan de recogida de basura. Amontonar la basura y quemarla produce gases muy tóxicos; que los hospitales tuvieran medicamentos y medicos; que la Malaria se erradicara. Si en España desapareció hace 50 años ¿por qué no se puede erradicar aquí? Pero supungo que solo es un sueño.

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#SoñadorasdeSueños @Pcamdom

 

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