Columna de opinión publicada en AS el 3 de febrero de 2020

Mayday, Mayday, Mayday

Cuando empecé a volar helicópteros, también comencé a volar emergencias. Las emergencias se practican por si algún día pasan de verdad. Jamás me subí a un helicóptero o reactor pensando que iba a tener una emergencia en vuelo. Y las tuve, cinco en total. Cuando ves a la muerte de cerca, no entras en pánico o te pones a llorar, es extraño pero la asumes con mucha naturalidad. Unos nos escapamos de ella o simplemente no era nuestro momento. Kobe no pudo hacer su último gran salto y perdió el partido. Como él ya predijo, murió joven y se ha convertido en leyenda.

Su helicóptero despegó con una autorización especial llamada Special Visual Flight Rules. Significa que la visibilidad no era tan buena como la esperada. Lo normal es despegar en condiciones visuales VFR (Visual Flight Rules). Volar en visual, significa que el piloto mantiene contacto visual con el terreno en todo momento.

Parece ser que el piloto, se encontró con la tan temida niebla y no pudo salir de Ella. La niebla no entiende de horas de vuelo, ni de pericia, solo entiende de prudencia. No es la primera vez que un helicóptero se estrella debido a la baja visibilidad o la niebla. Tal vez si el helicóptero hubiera contado con el sistema de aviso de proximidad del terreno (GPWS) le hubiera ayudado a darse cuenta que estaba “TOO LOW”.

Con Kobe también se fueron otras 7 personas relacionadas con el deporte. Una tragedia con mucho que aprender. Como lo fueron las muertes del campeón de Rally Colin McRae, quien volaba su propio helicóptero en el momento del accidente (2007), o el dueño del Leicester, Srivaddhanaprabha, su helicóptero a duras penas pudo levantar el vuelo para salir del estadio del Leicester (2018). Empezaron las tragedias con el que fue considerado el mejor club de fútbol de su época, el Torino, todos los jugadores murieron al estrellarse su avión contra el campanario de la Basílica de Superga (1949). Siguió el avión de los futbolistas del Manchester United (1958). Acababan de clasificarse para la semifinal de la Copa de Europa. Entre los sobrevivientes estaba el mítico Bobby Charlton.

Nueve años después, el avión del gimnasta olímpico Joaquín Blume (1959), colisionó yendo a Tenerife para acudir a una exhibición de gimnasia artística. Los siguientes fueron el equipo de rugby uruguayo, Old Chiristians, se estrellaron en la cordillera de los Andes (1972). Unos años después, la tragedia se convirtió en película Viven. Ya en 1975, el doble campeón del mundo de Formula 1, Graham Hill, murió al volver de un entrenamiento junto a sus mecánicos. En 1993, todos los futbolistas de la selección de Zambia murieron volando a Senegal para jugar un partido. La misma suerte corrió, el equipo brasileño Chapecoense, perdieron la vida, cuando iba a disputar la final de la copa sudamericana (2016). El siguiente fue el futbolista argentino Emilio Sala (2019). Las tragedias aéreas han golpeado a muchos otros deportes como: patinaje artístico, natación, voleibol, fútbol americano, boxeo y hockey sobre hielo. Otros han tenido más suerte, como Jorge Valdano o Mariano Rajoy. Ambos sobrevivieron a un accidente de helicóptero y no han vuelto a volar en él.

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